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27 de agosto de 2024

El golpe

         Tres de la mañana: el impacto de algo contra el suelo.
        Me incorporé en el sofá, sudoroso, helado, con las pupilas dilatadas y nerviosas concentradas en la oscuridad perentoria. Contuve la respiración para escuchar, pero la noche se encontraba tranquila como una reina de mirada imperturbable. “No habrá sido aquí, habrá sido un vecino recién llegado de borrachera. Se ha chocado contra un mueble y ha tirado alguna cosa. O quizás ha sido una carpeta. Anoche la dejé mal puesta en el despacho y se ha caído toda la pila. Tiene que ser eso, seguro que es eso”. Cada noche, me repito lo mismo, aunque sé perfectamente de dónde ha venido el ruido.
        Hace dos semanas que he dejado de dormir en mi cuarto. Quizás haya sido una medida demasiado excesiva, inútil, tal vez, pero al menos, cada noche que golpea, cada noche que el estruendo me desvela, no estoy allí para observarlo. La primera noche probablemente fue la peor de todas. Aquella vez, solo fue el golpe, pero el hecho de haberlo escuchado tan cerca y no encontrar ningún indicio de su procedencia, me tuvo en vela a la espera de que volviese a repetirse. Mi cara por la mañana fue la prueba ineludible de mis andanzas nocturnas. “Ojeras de ladronzuelo”, les decía mi abuela, medio cómplice y medio inquisidora. Ojalá aquella mañana hubiese tenido ese aspecto por culpa de haber robado unas galletas, y no por haber estado deambulado como un neurótico en busca de un ratón pendenciero o un libro suicida estampado en algún rincón del ático. A pesar de no haber encontrado nada, aquel ruido siguió rondando por mi cabeza, una y otra vez, recreándose en mis recuerdos como si el dedo de un dios juicioso lo estuviera reproduciendo, una y otra vez, sin tregua, en un ciclo amargo de tortura.
        Por si fuera poco, a la mañana de aquella primera noche, mi pareja me llamó desconsolada: su madre había aparecido muerta. Un robo con violencia que se había ido de las manos. Los ladrones se habían llevado un collar de esmeraldas que había pertenecido a la familia desde hacía décadas, una de esas piezas que son únicas en el mundo y que por algún motivo que no me atreví a preguntar estaba en posesión de una octogenaria que vivía en casa sola sin ninguna vigilancia. Al parecer, estaba valorado en 50000 euros, según confirmó la prensa ese mismo día, una cifra que me hizo plantearme el nivel económico de la mujer con la que llevaba ocho meses saliendo. Yo ni siquiera conocía a la fallecida, ni tampoco a la mayor parte de la familia. Por eso no acudí al entierro, ni al velatorio, ni a nada. Todo bajo petición de Dolores que prefería no tener que lidiar con “una lluvia de comentarios sarcásticos” en el momento más complicado de su vida. Desde luego, yo también prefería ahorrarme ese mal trago, y más aún con todo lo que se vino en los siguientes días.
        Un ruido seco, sordo, inteligible: el impacto de algo contra el suelo. “Ha sido aquí dentro, estoy seguro de que ha sido aquí dentro. Muy cerca, casi como si hubiese caído al otro lado de la puerta. O dentro, quizás, en mi propio cuarto. Quizás, se encuentre tirado aquí a mi lado”. Con el cuerpo rígido y unas gotas de sudor gélidas escurriéndose por mi espalda, asomé la cabeza hacia el borde de la cama. Junto a la pata de metal, unas formas alargadas despertaron una fragua en mi pecho. Dos ratas muertas, gemelas, con las tripas salidas del estómago, se dibujaron en mi mente unos instantes antes de poder distinguir las zapatillas de felpa. La luz de las farolas se filtraba levemente entre las rendijas de las persianas, distorsionando las figuras de todo lo que alcanzaban, entregando el cebo perfecto para mi mente trastornada. Las chaquetas en el perchero, los restos de un cadáver despellejado; la puerta entreabierta del armario, la bajada hacia un sótano de la que una mano estaba asomando.
        Lentamente, me deslicé por la cama para comprobar que no hubiese nada en el suelo por el lado contrario. El cesto de la ropa sucia en el que había metido hacía dos noches mi chaqueta y las botas estilo militar que habían quedado abandonadas cada una en una postura distinta eran lo único que alcancé a apreciar desde mi atalaya de sábanas. Mucho más calmado, aunque aún alerta, me levanté de la cama y me dispuse a salir del cuarto. Caminando de puntillas, me acerqué hasta la puerta cerrada y apoyé la oreja sobre ella. Me mantuve así quieto, pero tan solo podía apreciar el zumbido hueco de la noche. De vez en cuando, el crujido de alguna balda del parqué o el impacto del viento contra una persiana aparecía para tratar de calmar mis miedos, pero, tras unos segundos de reflexión enfermiza, comprobaba que su sonido apenas se asemejaba. De igual manera, si se trataba de un intruso, podría encontrarse escondido intentando no hacer ruido, agazapado con un cuchillo tras la islita de la cocina o abrazado a mi portátil tras el cheslón que me habían traído la semana pasada. Fuera como fuera, no podía quedarme ahí quieto toda la noche hasta que el golpe se repitiera, ni mucho menos volver a dormirme, pues sabía que el más mínimo de los sonidos iba a lograr alarmarme.
        Bajando con cuidado la manilla, empujé la puerta sin apenas despertar un ruido. A primera vista, no había nada, pero aun así permanecí unos segundos quieto. Un chasquido de tubería, el bufido de un gato, de nuevo el viento, pero nada que diera una pista sobre el intruso. “Es absurdo. Tienes que habértelo imaginado. Seguro que es por el estrés del trabajo. No estoy acostumbrado a tanta carga y estoy más susceptible de la cuenta. O lo he soñado, seguramente. Creo que una vez vi un vídeo de…”. Se desplomó la cómoda a mi espalda.
        A la mañana siguiente, amanecí en el sofá sin apenas haber pegado ojo en toda la noche. Tenía el cuerpo como embotado, y al mirarme al espejo puedo ver el rostro de un hombre muerto. Día tras día, mis mañanas y mis noches fueron adquiriendo tintes de monotonía. Por la noche el incidente, por la mañana la recogida. A veces, tenía suerte y solo era el cajón el que se había abierto, el último, siempre el mismo, así que solo tenía que acercarme para cerrarlo con la pierna y continuar sin más con mi rutina. Pero otras, como esa segunda noche, el mueble se precipitaba como si alguien lo empujase o se quedaba apoyado a los pies de la cama. Una vez, incluso el cajón salió disparado y tuve que encajarlo en sus railes para poder cerrarlo. Fue ese día cuando lo vi, ahí dentro, envuelto en un pañuelo blanco. Ese día, me di cuenta de lo que había hecho; ese día, al fin pude recordarlo. Permanecí en la cama sentado un rato, con los ojos muy abiertos y aquello en la mano, recordando, poco a poco, recordando el golpe que había dado.

9 de diciembre de 2016

Un mundo más humano.

Las calles están manchadas. Cada recta, cada esquina, todo converge con el asfalto en una inmensa mota de suciedad. La corrupción y la apatía son arrojadas por las ventanas tiñendo al mundo en una mancha negra y mugrienta. Caminamos entre ella, impasibles, indiferentes, riéndonos sin gracia de unos constructos sin sentido. Un pie resbala por la mugre, grita, se queja, calla ante la mirada de la nada. Está dolorido, furioso, mas nadie responde. Creo haberlo olvidado.

Miramos al cielo, soñamos, saltamos, subimos más alto, caemos, buscamos caminos jamás buscados, crecemos por dentro dejando de la lado lo ya encontrado. Vivimos buscando, pidiendo, deseando, queriendo rasgar cada segundo para poder embotellarlo. No nos cansamos, por más que caigamos siempre encontramos una escalera más alta por la que seguir avanzando, un nuevo piso al que mirar embobados. Somos patéticos, rogamos y pedimos, pero olvidamos lo estúpidos y arrogantes que parecemos. Queremos dinero, coches de último modelo, piscinas enormes y asombrosas, ropa elegante y a la moda, rostros y cuerpos de portada, miles de likes en fotos opacas… Somos aberrantes. Siempre gastando y odiando, siempre envidiando y obsesionándonos. ¿Acaso no nos damos cuenta? ¿Acaso no ves la clase de mierda en la que nadamos, la zarza de hipocresía en la que nosotros mismos nos hemos enredado? ¿Acaso no hay nada mejor que criticar a alguien por su aspecto, gastarse el sueldo de tres meses en caprichos o discutir con gentes de pensamientos distintos? ¿Acaso no hay nada mejor que pasar el día frente a la pantalla, obsesionarse con sacar la mejor nota o vivir un carpe diem incoherente sin pensar en los demás un solo instante? Piénsalo, párate un momento y piénsalo. No digo que lo cambies, sé que es difícil hacerlo. Vivimos aferrados a unas ideas, a unas estructuras que nos han iluminado durante años; pero no hay nada malo en intentar cambiarlas, en intentar cambiar nuestra egocéntrica mirada hacia lo que nos rodea, en intentar replantearnos si la sociedad en que vivimos es aquella por la que una vez otros lucharon. En intentar salir a la calle, pisar la mancha mugrienta y gritar por un mundo más humano.



2 de diciembre de 2016

Corazón desolado.

El deleitoso aroma de las rosas me embelesaba en un brebaje de armonía y añoranza. Nunca entendí como una flor tan mediocre e insulsa pudo atraerme tanto en un ambiente tan hostil. Quizás la paz que antaño daba a mi existencia no era más que la suma de emociones que abrazaba con dulzura la figura de su ausencia. Su ausencia, su amarga y rugosa ausencia. 

Desde siempre había deseado vivir en un lugar como ese. Un campo lleno de aquellas flores capaces de fracturar la fina línea del tiempo. El tiempo, hermoso y maldito, esa lluvia incendiada de segundos; siempre pasando tan fugaz y marchito, intangible, inapreciable. Siempre al acecho de estrangularte en el frío silencio.

Hermoso pasado en un cielo de nubes de azúcar, en briznas de viento olvidado y sabor a galleta y a frutas. Con ella el cielo brillaba; la tierra era blanca y sagrada, el cielo rosado y plagado de metas. Es precioso volver a observar lo que veo, volver a sentir lo que siento. Parece estar aquí, parezco estar allí. Sus brazos se mueven como alas etéreas de un ave entre estrellas. Como un ángel sin nombre, la sangre se traga su eterna mirada y su carne se pudre a la llegada del alba. 

La roja se expande en el campo bendito, tiñendo la tierra y pudriendo el destino. La masa de carne acude a su paso, abrasando las flores, acabando conmigo. El sueño soñado se parte en pedazos, ya no hay paz ni armonía, ya no hay dulce ambrosía. Un cielo siniestro y marchito acude a mi espera, nubes negras se ciñen, viene ave de presa. 

Con un sucio chasquido, cae el cuervo dantesco. Su mirada profunda y su aliento grotesco; viene a mí con sus garras, va a clavarme su pico. No es pequeño tal piensas, es un hombre, no un cuervo. No eres tú a quien recuerdo, yo soy hijo de un cuerdo. En su ebria locura va soltando su cinto, desabrocha el botón y me pierdo en un grito.

Las llamas de un fuego de muerte me abrasan las ansias de vida y me abren la piel en heridas. Lloro solo en la noche y susurro en el día. Nadie me oye, estoy solo, soy su esclavo de por vida. En los días de paz él vivía tranquilo, amaba a mi reina y acudía en mi auxilio. Ahora él me quemaba, me azotaba con fuerza y me ahogaba en su duelo. No era justo el castigo, yo era el huérfano, él viudo.

En los días tranquilos, solo eran palizas, mas en noches de luto eran cosas sin cabida. En su ira beoda, me quitaba las ropas, me empujaba a la cama y mi inocencia era rota. La serpiente demente me agarraba del cuello, presionaba mis brazos y partía mi cuerpo. Yo tan solo era un príncipe solo y perdido, sin reina con vida y sin corte en mi auxilio. Abusaba la bestia del conejo cautivo, era cruel en el acto, pues la sangre es testigo. 

Era noche de caza cuando el lobo intentó apresarme, cuando el dulce conejo decidió rebelarse. Un jarrón en mis manos, una daga en el alma. Era él o era yo, no hay justicia sin calma. Con un solo plumazo, fue partida la crisma; el conejo era libre, mata ahora sin prisa. Corta lento su cuello, sin piedad ni malicia. Brota ahora su fuego, ya no mueve su cuerpo. No hay serpiente ni lobo, no hay un padre ni un cuervo. Solo un cuerpo difunto y el silencio en desvelo. 

Poco a poco las luces van volviendo a mi mundo, la esperanza y la vida regresando sin rumbo. Mas un ángel me llora, tras la puerta, no muy lejos. Es mi hija tan dulce, con dos lagos muy llenos. Mira un cuerpo en el suelo, no es mi padre, ya he vuelto. He matado a mi cisne, he cortado su cuello, he vivido el recuerdo, la he matado sin verlo. 

El cuchillo manchado descansaba a su lado, una espina en mis venas y mi corazón desolado.

Resultado de imagen de rosa marchita

25 de noviembre de 2016

Muerte y vida.

La vida es hermosa.
Torrente de vicisitudes lleno de color y de esperanza,
de pájaros en vuelo y potentes sacudidas,
de sueños quijotescos e ideas mundanas,
de pétalos de risa y dulces gotas de angustia.

La vida.
Capullo ardiente y deshojado arrastrado por la brisa,
nenúfar congelado en ladera de sonrisa,
puño de hierro,
cielo e infierno.

La muerte.
Truco barato en un circo de locos,
fin de un principio de sueños rotos.
Silencio marchito de fiero veneno,
Angustia doliente, corazón pleno.

La infancia se ahoga en su eterna mirada,
Recuerdo inefable en la llama apagada.
Lozanía dorada gracilmente inmediata,
Dichosa en el día, a la noche se achata.

Nocturna vejez es la gloria divina
Es el fin de un principio, es la misma cantina.

Seria canta la parca,
feliz bailo este tempo.
Ya he vivido una vida,
No hay dolor si no siento.





20 de noviembre de 2016

Próximas publicaciones.

Buenas tardes a todos!!!! Hoy escribo esta entrada para comunicaros la nueva organización que tendrá Broken Hearts a partir de la próxima semana. Cómo habréis podido comprobar, hace unos días reanudé la misteriosa historia de Unovia que había sufrido un pequeño parón justo en el final de vacaciones. Por suerte, el último capítulo que publiqué se encontraba situado aproximadamente en la mitad de la línea temporal del relato, por lo que esa interrupción no interfiere en gran medida en la comprensión de la parte restante. Con esto no quiero decir que la primera parte ya publicada sea menos importante que la segunda, sino que esta última podrá comprenderse medianamente bien a pesar de la larga espera. A pesar de ello, en el caso de que alguien prefiera volver a leerse todos los capítulos o incluso que aún no los  haya leído, cada semana realizaré una reedición de uno de los capítulos anteriores y la compartiré para que todo el mundo pueda acceder a ella.


Por otro lado, la publicación del relato semanal tendrá lugar los viernes por la tarde mientras que los nuevos capítulos de Unovia quedarán establecidos los domingos por la tarde. Para poder acceder a ellos rápidamente, tan solo tenéis que clicar sobre la imagen situada en los márgenes con el título de aquella publicación que queráis leer. Para acabar, lo único que me falta por deciros es que durante las próximas vacaciones de Navidad revelaré un proyecto que llevo bastante tiempo elaborando y el cual espero que recibáis tan bien como hasta hora habéis hecho con todo lo que hago. 

Un saludo y feliz domingo :)

19 de noviembre de 2016

Entrada 998.

Entrada 16, 14 de febrero de 2250

Después de casi cincuenta años de mi vida dedicados a la ciencia, al fin he recogido la semilla de lo que un día será recordado como el renacer de la raza humana. Un siglo dorado, un mundo de ceniza prendido en una llama de fervor y esplendor. Quién  les diría a esos locos obsesos por la muerte que su salvación estaría dentro de una probeta, quién les diría que el problema que antes atormentaba sus ideas les devolverían ahora sus añoradas familias. En cualquier caso, este experimento tan solo se trata de un mero caso aislado; aún tengo que analizar a fondo al nuevo sujeto para comprobar si puede adaptarse con facilidad a nuestro mundo. La fase beta ha finalizado, seguiré informando.

Entrada 21, 27 de marzo de 2250

Hoy es el gran día. Dentro de escasas dos horas me reuniré con el Consejo, estoy aterrorizado, felizmente aterrado. Los resultados han sido más que favorables, la vida del sujeto avanza con normalidad y sus constantes vitales parecen ser las idóneas para sobrevivir en un ambiente hostil. El primer mes del proceso embrionario era el más difícil de atravesar, pero con él superado veo imposible la negativa del Consejo. El secretario será el primero en recibirme. Si consigo convencerlo, el resto será más sencillo que un simple juego de niños. Ahora tengo que prepararme para la prueba, no puedo titubear en ninguna de mis palabras. El futuro de nuestra especie depende exclusivamente de mi actuación. Seguiré informando a mi salida.

Entrada 22, 30 de mayo de 2250

Hace demasiado tiempo que no hago esto, y ni siquiera sé si alguien podrá algún día verlo. Como habrás podido suponer, la valoración fue completamente negativa. Al parecer, la sociedad en la que vivimos sigue cargada de tantos prejuicios como la de nuestros radicales antepasados. La creación de una criatura humana mediante cualquier técnica genética experimental sigue sin ser algo bien visto en este mundo despoblado y con una moral de extremo neocristianismo. No tengo ganas de seguir con este estúpido seguimiento. La vida del sujeto continúa sin ninguna anomalía aparente. Por el momento seguiré estudiándolo, al menos hasta que los medios se me acaben por completo.

Entrada 34, 7 de agosto de 2250

Buenos días, no sabría por dónde empezar a contarte todo lo que ha sucedido. Cómo podrás observar, el fondo de la imagen ha cambiado desde la última vez. Y dirás: "¡Eh! ¿Dónde está tu vieja y mugrienta bata? ¿Acaso puedes permitirte un lujo semejante?" Y la respuesta es muy sencilla: Sí, puedo permitírmelo. Después de aquella última grabación me quedé echo polvo, destrozado. Pensaba que nada tenía sentido, que no había ninguna razón para seguir luchando. Y entonces le vi, ese pequeño y entrañable ser protegido de todo problema por aquel frasco de líquido amniótico. No podía permitirlo, tenía que volver a intentarlo. Pasé al menos un mes y medio preparando mi discurso con el único objetivo de embellecer lo ya contado con anterioridad. Además, tenía un embrión muchísimo mejor formado, lo cual me permitiría compararlo con uno totalmente natural y demostrar así las ventajas de este avance de la ciencia. En efecto, el Consejo aceptó mi propuesta, eso sí, con unas terribles dudas y con la condición de monitorizar todos y cada uno de mis logros. El feto cada vez tiene un aspecto más saludable, y algo me dice que su nacimiento no traerá más que felicidad a este mundo. No puedo sino agradecer al Consejo por todo su apoyo en esta arriesgada propuesta, pues sin sus recursos y personal jamás hubiese podido desarrollar mi idea a una escala tan elevada. Nuestras investigaciones en la creación de un espermatozoide no hostil para el óvulo femenino están dando sus frutos, y tras el nacimiento de mi creación tendremos el visto bueno del Consejo para volver a realizar el mismo procedimiento, esta vez con un esperma mejorado y bastante mejor que el mío. Estoy ansioso por ver el resultado, seguiré informando. 

Entrada 78, 13 de noviembre de 2250

Al fin el día ha llegado. Hoy mismo ha empezado a sacudirse,  solo es cuestión de tiempo que el saco artificial en el que se encuentra se abra. Tengo miedo de lo que pueda pasar, durante estos nueve meses mi vida ha cambiado por completo. Ya no soy un simple  muerto de hambre que intenta ganarse la vida prestando servicios médicos por un poco de comida o ropa limpia. Ahora la gente me respeta, me admira, me acepta en las altas esferas y me permite vivir junto a la gente de renombre. Artistas, científicos, políticos, profesores, arquitectos y demás eminencias son ahora quienes forman parte de mi vida. Por fin puedo prescindir de esos inútiles analfabetos que no saben ni cortarse las uñas de los pies. Me repugnan, tanta mediocridad se merece rebozarse entre la basura. La lacra de la raza humana. Ellos sí que merecen la muerte, maldita basura. Gracias al destino por devolverme allí dónde siempre debí estar. Separación de clases, lo único bueno de este desastre. En fin, ya basta de nimiedades, muy pronto vendrá al mundo mi creación. Muy pronto comenzará la nueva era de la humanidad.

Entrada 80, 20 de noviembre de 2250

Vaya, ya ha pasado una semana. Noah crece muy deprisa, a un ritmo desmesurado. A su temprana edad, su cerebro parece poseer una excelente capacidad de aprendizaje, e incluso ya ha comenzado a articular el esbozo de alguna palabra. Mi trabajo ha resultado todo un éxito, a este paso en menos de una semana ya podría estar andando e incluso elaborando una serie de construcciones básicas reconocibles para el oído humano. En cuanto a su comportamiento, parece ser un niño muy sociable, nunca pone pegas por nada y respeta las horas de comida y sueño con la magnífica exactitud de un reloj. Los miembros del Consejo están asombrados, tanto que probablemente en una semana realizarán una cumbre para aprobar la replicación de mi trabajo en todas las sedes del planeta. Noah tan solo fue un conejillo de indias, por lo que voy a proponer su instalación en el laboratorio para estudiarlo durante toda su vida y mejorar así nuestro producto. Además, también tenemos que tener en cuenta el hecho de que su ADN no es completamente perfecto, sino que está formado a partir de uno de mis espermatozoides y un óvulo completamente artificial, por lo que sería absurdo lanzarlo al mercado. Nadie querría comprarle. Por ello, creo que lo mejor sería instalarlo en un dormitorio videovigilado para poder estudiar su evolución. Seguiré informando.

Entrada 141, 8 de enero de 2251

Buenas tardes. Hoy tenemos el placer de tener a alguien con nosotros. Di "hola", Noah.
Hola, persona del futuro.
Bueno, tal y cómo habéis podido observar, la capacidad de compresión y elaboración de secuencias lingüísticas del paciente han mejorado notablemente. Es asombroso, su aspecto y tamaño es el de un niño de menos de dos meses y en cambio su desarrollo corporal e intelectual es impresionante. Hace apenas unos días, estaba gateando cuando de pronto se empezó a incorporar sobre sus dos piernas. Tras unas pocas horas de tambaleos en su avance, sus músculos y estructura ósea eran lo suficientemente fuertes cómo para poder correr de un lado para otro sin apenas descansar. Aún no comprendo cómo su metabolismo puede evolucionar tan rápido, pero me enorgullece saber que todo mi trabajo ha valido la pena. La comercialización de los niños probeta, nombre en honor al pequeño Noah, ha resultado todo un éxito. Dentro de unos días estará disponible su producción y comercialización; y tras nueve meses de espera, o quizás un poco menos como en el caso de Noah, miles de familias con una descendencia no infectada podrán reconstruir el nuevo mundo del mañana. 

Entrada 314,  13 de noviembre de 2257

Hoy es el cumpleaños de Noah, aunque, a diferencia de las otras veces, muestra un extrema indiferencia a la celebración. Está muy raro, quizás algo distinto. Creo que debe ser algo de la adolescencia. Aún tiene siete años, más en su interior ya alcanzará a tener dieciocho. Últimamente ha tenido algún que otro arrebato semirrevolucionario, pero siempre conseguíamos llegar a entendernos. No sé que le pasa, espero que todo se solucione.

Entrada 319, 25 de agosto de 2260

No sé cómo contarte esto, pero creo que Noah me odia. Hace bastante tiempo que no prueba bocado, y eso que antes devoraba los platos. Ni siquiera me habla, intento razonar con él pero parece no querer entablar conversación conmigo. La última vez que conseguí hablar con él me dijo cosas muy raras, algo sobre la hipocresía y de cuánto odiaba a la gente de este mundo. No sé lo que le pasa. Tengo miedo de que intente hacer una locura. Seguiré informando. 

Entrada 400, 1 de octubre de 2266

Hola, persona del futuro. Sí, soy yo, Noah. Quizás te preguntes cómo se supone que he conseguido hacerme con la tableta, y la respuesta es muy sencilla. Me he escapado. Durante varios años he estado estudiando la posibilidad de escaparme, precisando cada detalle para poder librarme del loco Mesías de mi padre. Llevo dieciséis años de mi vida encerrado entre cuatro paredes, bueno sí, quizás me hanyan habilitado cada vez más zonas para "garantizar mi comodidad", pero ya estoy harto. No aguanto más, esto es inhumano, yo soy inhumano. Me paso venticuatro horas encerrado pasando de una jaula a otra con el único objetivo de estudiar cada minuto de mi vida, cómo no, en pro de la ciencia, en pro de la misma ciencia que llevó a los humanos a erradicar a la mayor parte de su raza para solucionar el problema de superpoblación que podrían haber evitado hace miles de años. Lentamente fueron matando al mundo con sus máquinas y capitalizando todo cuanto encontraban a su paso abandonado por completo cualquier tipo de moral. Las religiones desaparecieron y la fe y la cordura fueron arrastradas con ellas. Cualquier rastro de humanidad se volatilizó, tan solo la codicia y el rencor quedaban presentes. La gente continuaba sus vidas, siendo testigos de la inminente hecatombe que asolaría la Tierra e ignorándola por completo centrando sus vidas en el ocio personal y material. Como medida, todos los gobiernos firmaron un acuerdo para acabar con el problema. Para ello, acordaron liberar un virus mortal que tan solo pudiese ser contagiado mediante transmisión sexual y el cual fuese imposible de curar. Según planearon, miles de personas fueron muriendo a lo largo de los años sobreviviendo tan solo aquellas que no hubieran sido afectadas o los escasos inmunes ante aquel genocidio. Tras ello, los supervivientes que poseyesen cualidades "superiores" a las del resto serían separados y obtendrían el control sobre todo recurso del planeta. Sin embargo, los inferiores se verían forzados a servirles en aquellas labores que no requiriesen un esfuerzo intelectual, convirtiéndoles así en sus esclavos. Con ello, el sistema monetario se vio anulado y sustituido en su lugar por una meritocracia según la cual tan solo el que les sirviese podría tener acceso a los recursos, eso sí, teniendo que realizar en ocasiones acciones denigrantes. Y esta es la razón por la que he decidido escaparme, para acabar con tanta hipocresía. Por creer que utilizando el nombre de repoblación quitarían toda la maldad a sus acciones, por creer que mejoraban el mundo aniquilando a su propia especie y esclavizando a los pobres inmunes. No puedo más, esto tiene que acabar. Voy a encontrar ese virus, y haré con él lo único bueno que he aprendido de mi padre. Mejorarlo.

Entrada 401, 1 de octubre de 2266

Dios mío, acabo de ver la última entrada. No puede ser, esto no puede estar pasando. De alguna manera Noah ha conseguido salir de su habitación y hacerse con el sistema central de toda la torre. Cientos de agentes van en su búsqueda, no puedo dejar que lo encuentren antes que yo. Tengo que llegar hasta las cámaras. Seguiré informando. 

Entrada 402, 1 de octubre de 2266

Acabo de pasar por el laboratorio, todos estaban muertos. Definitivamente Noah ha perdido la cabeza. He cogido el sedante más potente que he podido pero algo me dice que no podré llegar a tiempo de evitar el desastre. Falta una muestra en el laboratorio. Creo que Noah ha robado una muestra del suero, el mismo que puede mejorar los espermatozoides. Si mezcla el suero con el virus, el resultado podría ser desastroso, el temido fin de la humanidad habría llegado. Seguiré informando.

Entrada 998, 13 de noviembre de 2270

¿Hola? ¿Ese soy yo? ¿Papá, qué es esto?
Es una tableta, quizás algún día te deje grabar con ella. 
¿Y cómo se hace eso? ¿Podemos grabar ahora?
Claro, yo te enseño. Enfocas así, encuadras nuestras caras, sonríes y dices: "Hola, humano del futuro"


6 de noviembre de 2016

El árbol del pecado.

La grácil lluvia taladraba la capucha de mi capa como un centenar de abejas que reclama la delirante venganza. Unas manos lodosas atenazaban mis tobillos dificultándome el avance bajo aquel cielo de dioses enfrentados. En la angustiosa oscuridad, las alimañas se retorcían entre el follaje incubando en sus entrañas la pura esencia de la maldad. El cielo brillaba con cada tronada, luces de guerra reveladoras de la crueldad del mundo. Aquella zona del bosque era cruda y desoladora, lugar donde el hombre no habita y el canto del hada perece. Tan solo un loco arrogante sería capaz de adentrarse en un pozo como este. El árbol del pecado se alzaba imponente entre las sombras aguardando a que un viajero se atreviese a adentrarse en su corteza. La gente del pueblo decía que en su interior se encontraba el remedio para cualquier pecado, cualquier lastre cargado por el alma. Aunque no todo el mundo es capaz de encontrarlo, pues tan solo aquel que realmente busque redención podrá lograrlo. 

El tan adulado árbol residía apagado y mortecino en la zona más triste y marchita del bosque. Sus ramas trepaban ondulantes hasta descender en una vertiginosa caída y sus negras hojas de ceniza inspiraban el horror de un volcánico holocausto. Mis pisadas embarradas avanzaban entre los destellos abrumadas por la imagen del verdugo de mil brazos. Con coraje y con valor, coloqué mi mano sobre el tronco, acaricié el terror de la aspereza y accioné el faro de la belleza.  De pronto, múltiples ríos de luz comenzaron a discurrir por las venas de su tronco ramificándose a su avance e iluminando cada palmo. Las extremidades de madera encauzaron la corriente respaldadas por la nueva fuerza que corría por su ser. Un hermoso trono brillante alzaba imponente sus diáfanas hojas. La puerta hacia el resplandeciente infierno se abrió acogedora ante mi exultante y aterrorizada mirada.


El mundo de oro y madera que había encontrado no se asemejaba ni un ápice a la clase de atrocidades que había oído de aquel lugar. Un banco de luciérnagas nadaba entre las brillantes ramificaciones y sacudían a su paso las flores de estambres fluorescentes que brotaban de entre las brechas de la madera. Por un momento, creí haberme introducido en una de esas historias para niños en las que las hadas vuelan felices y las brujas mueren a manos de un apuesto príncipe Pero aquello no era un burdo cuento, era real. Una realidad en que las hadas son viles y la princesa mata a la bruja sin depender de la ayuda de nadie, un mundo cruel en que nadie mira por nadie.

A lo alto, pendiendo de una rama misteriosamente apagada, un candil se balanceaba como mecido por un viento inexistente. Unas voces remotas acusaban al vacío de un delito liviano y pesado. Poco a poco, el eco de su sentencia fue adquiriendo un turbio tono. Las voces me hablaban, me achacaban la tortura de todos sus males. Al principio, no entendía por qué razón me culpaban, pero ,cuando unas paternales sombras aparecieron ante mis ojos, la penuria que en mí anidaba alzó el vuelo hacia aquel farol en la distancia. La jaula raptora del calor de la llama cayó desde el cielo como un astro de rumbo perdido. Su ardiente fuego bailaba caprichoso, haciendose de rogar antes de impactar contra los incorpóreos cuerpos. Un gigantesca llamarada se originó en apenas unos segundos. Las sombras gritaban entre lamentos dejándome paralizada ante tal sufrimiento. La masacre del incendio aumentaba, y las aguas saladas de mi rostro caían con intención de sofocarla. Esa estampa había sido mi tormento cada noche al acostarme, cada noche tras aquel inconsciente desastre. Su carne abrasada se desvanecía en el recuerdo de mi traición mientras que una vida de oro moría a mi alrededor. Todo se desmoronaba, se precipitaba hacia un abismo sin un final aparente. El suelo bajo mis pies se había resquebrajado y me hundía lentamente en aquel pozo de dolor. Un pozo de dolor repleto de vísceras y sangre. El rojo espesor me atrapó al instante. 

Me hallaba en un lugar oscuro, bañada en los últimos restos de aquellos quienes habían perecido en mi camino, todos aquellos que habían sufrido por mi ira debido al mal de mi hermano. Caminaba entre las tinieblas, rozando con mis manos cadáveres de inocentes. La sangre cubría mi piel, mas el dolor brotaban en lo más profundo de mi alma. Una luz rojiza y perturvadora me hizo apresurar la ya dificultosa marcha. Podía soportar cualquier cosa, cualquier cosa menos eso. Sobre una gigantesca roca, un cuerpo desangrado y con la mirada perdida tiritaba violentamente. Su piel estaba completamente pálida, y por sus venas circulaba una luminosa sangre roja. La temperatura de su cuerpo era cada vez más semejante a la de esos cadáveres que flotaban a nuestro alrededor, incluso a pesar de que no parase de abrazarle. Entre lágrimas y llantos, podía sentir como su vida se me escapaba; lentamente, con cada ínfimo temblor. Con el tiempo, sus movimientos fueron haciéndose cada vez más imperceptibles, pudiendo sentir tan solo el palpitar de su corazón que estaba muriendo en mis brazos. Cuando sus músculos al fin se detuvieron, la última de mis lágrimas cayó sobre su pecho y su cuerpo se deshizo con el amor de mi beso. En el silencio, mis llantos resonaron en el vacío de la soledad  y, de entre los cuerpos, unas débiles palabras escaparon por el hueco de mis labios: "Lo siento". 


Una débil y cálida luz acarició mi rostro, una masa viscosa descansaba entre mis manos. Era el fruto del pecado, aquello que salvaría la vida de mi hermano.



31 de octubre de 2016

El regalo.

Tres horas allá de la medianoche, una joven alta y bella recogía los retazos de una inesperada noche ebria. El cristal y la ceniza se adherían a la mesa en su intento por raptar un alma pura y libre de brechas. En el exterior, una viejo espantapájaros se alzaba entre los secos campos de maíz proyectando una fantasmagórica forma. El viejo tablón de madera se apostaba entre el alcohol esperando a que un iluso invocase a algún demonio con un vaso y esas letras. Su tardía madurez, sumada a la estupidez de la adolescencia, había traído consigo el ansiando torrente de muerte que desembocaría en tragedia. Borrachera y cansancio se batían en duelo por arrastrar su cuerpo hacia la cuna del sueño. Unas cumbres borrascosas se erguían imponentes, a la espera de que un paso conquistase cada pico. Uno a uno, fue escalando los peldaños acompañada en todo instante por los rostros del pasado encerrados en sus marcos. Pasos crujientes y lejanos corrían apresurados camuflados entre el caos de la tormenta. Las luces fulgurantes de los rayos iluminaron cada una de las puertas y mostraron un objeto en el fondo del pasillo. Una pelota reposaba sobre las tablas, en aquel hogar en el que hacía años que un niño allí no habitaba. La chica avanzó desconcertada, dudosa de si aquello era real o se trataba de una alucinación causada por la embriaguez. En el trayecto, cuando casi hubo alcanzado su objetivo, un filamento rugoso raspó la fina planta de su pié, una brizna de paja. La risa traviesa de un niño le hizo volver a alzar la vista. Ahora, una pequeña sombra se erguía ante la muchacha con una forma curvada pendiendo de su mano. Aquella figura era imperceptible, como si fuera y no fuese al mismo tiempo. Estaba paralizada, no podía moverse. Su forma le resultaba familiar, e incluso por un momento llegó a pensar que podría tratarse de alguno de sus rezagados amigos. Tan solo un resplandor pudo mostrale la verdad. Al vislumbrar aquella afilada azada, no pudo pensar en otra cosa sino en gritar. Descendió a todo prisa sirviendose  del miedo como guía y huyó al exterior sin girarse ni un segundo hacia la espantosa criatura. El solo recuerdo de aquellas telas ensangrentadas la alentaba fervientemente en su huida de aquel lugar. La macabra risa burlona avanzaba entre el maizal con un ritmo tambaleante; era imposible escapar, la parca no tiene rival. Las cascadas de sus ojos descendían caudalosamente, suplicando ambas al cielo el perdón por aquel juego. Mas era tarde, la azada su carne había encontrado. Dos días después de esa noche, la familia regresó al hogar tras una escapada sin apenas equipaje. El viaje fue placentero, pero el regalo que encontraron tuvo algo  más de espanto. En los campos de maíz, un cadáver ocupaba el lugar del antiguo espantapájaros con el cuerpo apuñalado y atado de manos y brazos.  A su lado descansaba el guardián de aquellos campos, muy contento como siempre, aunque un poco ensangrentado. 



23 de octubre de 2016

Asenino es el silencio.

Bajo el susurro sordo de la noche, un muchacho sollozante se escondía del silencio entre sábanas de tormento. Una lluvia fuerte y clara le mecía en dulce sueño tan liviano, tan sonoro, tan extraño y espantoso que el lamento de sus ojos eran gotas de silencio en un mundo sin muerte ni tiempo. Traquetean en el cielo unas luces fulminantes que masacran los poblados e iluminan las ciudades. Lento y ágil movimiento, tambaleo, rotos huesos. Una tela ajada y fresca vuela torpe por el cielo, bien mecida por el viento, mal tratada por el tiempo. Piel quemada, manos viejas, mal augurio, rostro serio. Chirriante y jadeante, un sonido errante y turbio devolvía a la vigilia al viajero de mil mundos. Astillado corazón es un blanco muy certero; sin error ni titubeo, hiende el filo en duro cuerpo. Llora el niño, muere el cielo, canta el cisne, frío velo. Caminante del desvelo; anda frágil, ríe serio. Corta el viento y el sollozo, raja tela, carne y hueso. Claramente en la penumbra, fluye el río rojo eterno. No hay sollozo, no hay tormento, solo un cuerpo y el silencio.



12 de octubre de 2016

Nunca más.

Querido diario, hoy hace más de un mes desde la última vez que hablamos. La sombra de una infancia tormentosa se agranda paulatinamente alimentada por el fruto de mi cólera. La niña joven e inexperta se ha marchado; ahora soy una mujer nueva, libre, independiente, segura de sí misma. Ya no hay nada que me ate, nada que me amordace y asfixie hasta llegar a la agonía. Por fin, al fin. A mis espaldas dejo un rastro de engaño y de amargura, días de dolor, de sufrimiento. No. Eso ya es parte del pasado, parte de mi vida, parte de mi angustiosa desolación. No volverá a pasar, jamás volverá a pasar. Ni a mí ni a nadie. No volverá a pasar, el pasado ha quedado atrás.

Cómo pude estar tan ciega. Después de todo lo vivido, después de tanto compartido, simplemente se marcharon. Como las hojas marchitas del otoño, danzaron con un viento interesado y se adentraron sutilmente entre las nubes del olvido. Ellos me rechazaron, ellos me olvidaron. Es triste ver cómo el dinero mueve a las personas, cómo destruye de un plumazo la máscara de la amistad, del honor, de la verdad. Soledad sonora. Soledad que retumba en lo más hondo de mi corazón. Mi vida hecha pedazos por un triste interés material. Estaba rota, literalmente resquebrajada. Él me destruyó, rajó en un instante la fina tela de mi inocencia. Todo cuanto tenía lo aplastó contra su ardiente carne de lujuria contenida. Desgraciado, maldito desgraciado. Tú me destruiste, tú les presionaste para que fingiesen no conocerme, para que nadie creyese aquello que me hiciste. Por más que te amase, jamás podré perdonarte. Pagarás por ello, por destruirme, por cambiarme. Nunca más volverás a hacerlo. Nunca más volverás a abusar de nadie. Nunca, nunca más.

11 de septiembre de 2016

La condena del escritor.

Ahora que estoy pasando tantas horas en frente de un ordenador, me percato de lo poco que se valora el trabajo del escritor. Evidentemente, no hablo de mí, sino de aquellas personas que dedican su vida a esta labor. Tanto tiempo perdido, ¿para qué? ¿Para que la mayoría de editoriales ni si quiera se moleste en ojear la portada de tu novela? ¿Para llevarte un ínfimo porcentaje de beneficios de tu obra? ¿Para que el público tan solo recuerde un título sin autor? En verdad creo que nadie es consciente de ello. En verdad creo nadie se da cuenta de todo el esfuerzo y dedicación que hay detrás de una novela. La escritura es un arte, y como todo arte requiere sacrificio. Escribir no significa sentarse en frente de una pantalla o un papel para soltar frases vacías con el objetivo de llegar a un máximo de páginas. No, realmente no es así. Requiere tiempo, mucho tiempo. Y me entristece ver que no todo el mundo piense del mismo modo. La forma en que se infravalora este ámbito me hace reflexionar acerca de qué será de la escritura dentro unos años; cuando yo esté dentro de ese mundo, y me sienta infravalorado.



26 de julio de 2016

¡Bienvenido a Broken Hearts!

Buenos días y bienvenido a mi nuevo blog. Broken Hearts es un lugar en el que la magia, la aventura, la desolación y el misterio conviven en universos totalmente paralelos. Aquí podrás encontrar toda clase de historias, desde la más triste y desoladora basada en el desamor hasta la más fantástica o misteriosa la cual jamás podrás parar de leer. Poco a poco, iré publicando una o dos entradas semanales, ya pueda ser de uno de los capítulos del relato que esté desarrollando o un pequeño fragmento que no guarde relación con ningún otro. Para acceder hasta ellos, tan solo deberás pinchar en las imágenes que se encuentran en ambos laterales de esta página y, después, dejarte transportar hasta esos mundos que nacieron previamente de mi mente. 

En principio, esto es todo lo necesitas saber antes de ponerte a indagar en este blog y solo me queda invitarte a que descubras tú mismo todo de lo que te hablo. También me gustaría que supieras que aún soy un novato dentro de este mundo de la escritura (como podrás comprobar), por lo que estoy abierto a cualquier crítica o comentario que quieras dejar en cualquiera de mis entradas, y los cuales estaré encantado de leer para así poder llegar a mejorar. Por otro lado, si prefieres comunicarme tu opinión de una manera más privada, tan solo tienes que entrar en mi perfil para encontrar la forma de contactar conmigo. Bueno, ahora sí que puedes echar una ojeada a lo que hay por aquí para que tú mismo valores aquello que tanto me gusta hacer. Espero que disfrutes, un saludo :)