Las calles están manchadas. Cada recta, cada esquina, todo converge con el asfalto en una inmensa mota de suciedad. La corrupción y la apatía son arrojadas por las ventanas tiñendo al mundo en una mancha negra y mugrienta. Caminamos entre ella, impasibles, indiferentes, riéndonos sin gracia de unos constructos sin sentido. Un pie resbala por la mugre, grita, se queja, calla ante la mirada de la nada. Está dolorido, furioso, mas nadie responde. Creo haberlo olvidado.
Miramos al cielo, soñamos, saltamos, subimos más alto, caemos, buscamos caminos jamás buscados, crecemos por dentro dejando de la lado lo ya encontrado. Vivimos buscando, pidiendo, deseando, queriendo rasgar cada segundo para poder embotellarlo. No nos cansamos, por más que caigamos siempre encontramos una escalera más alta por la que seguir avanzando, un nuevo piso al que mirar embobados. Somos patéticos, rogamos y pedimos, pero olvidamos lo estúpidos y arrogantes que parecemos. Queremos dinero, coches de último modelo, piscinas enormes y asombrosas, ropa elegante y a la moda, rostros y cuerpos de portada, miles de likes en fotos opacas… Somos aberrantes. Siempre gastando y odiando, siempre envidiando y obsesionándonos. ¿Acaso no nos damos cuenta? ¿Acaso no ves la clase de mierda en la que nadamos, la zarza de hipocresía en la que nosotros mismos nos hemos enredado? ¿Acaso no hay nada mejor que criticar a alguien por su aspecto, gastarse el sueldo de tres meses en caprichos o discutir con gentes de pensamientos distintos? ¿Acaso no hay nada mejor que pasar el día frente a la pantalla, obsesionarse con sacar la mejor nota o vivir un carpe diem incoherente sin pensar en los demás un solo instante? Piénsalo, párate un momento y piénsalo. No digo que lo cambies, sé que es difícil hacerlo. Vivimos aferrados a unas ideas, a unas estructuras que nos han iluminado durante años; pero no hay nada malo en intentar cambiarlas, en intentar cambiar nuestra egocéntrica mirada hacia lo que nos rodea, en intentar replantearnos si la sociedad en que vivimos es aquella por la que una vez otros lucharon. En intentar salir a la calle, pisar la mancha mugrienta y gritar por un mundo más humano.

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