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11 de septiembre de 2016

La condena del escritor.

Ahora que estoy pasando tantas horas en frente de un ordenador, me percato de lo poco que se valora el trabajo del escritor. Evidentemente, no hablo de mí, sino de aquellas personas que dedican su vida a esta labor. Tanto tiempo perdido, ¿para qué? ¿Para que la mayoría de editoriales ni si quiera se moleste en ojear la portada de tu novela? ¿Para llevarte un ínfimo porcentaje de beneficios de tu obra? ¿Para que el público tan solo recuerde un título sin autor? En verdad creo que nadie es consciente de ello. En verdad creo nadie se da cuenta de todo el esfuerzo y dedicación que hay detrás de una novela. La escritura es un arte, y como todo arte requiere sacrificio. Escribir no significa sentarse en frente de una pantalla o un papel para soltar frases vacías con el objetivo de llegar a un máximo de páginas. No, realmente no es así. Requiere tiempo, mucho tiempo. Y me entristece ver que no todo el mundo piense del mismo modo. La forma en que se infravalora este ámbito me hace reflexionar acerca de qué será de la escritura dentro unos años; cuando yo esté dentro de ese mundo, y me sienta infravalorado.



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